Sed del Dios vivo

Comentario a Jn 4, 5-42 (III Domingo de Cuaresma, 19 de marzo de 2017)

 

El tercer domingo de cuaresma nos ofrece como lectura evangélica el famoso relato de la Samaritana. Es un relato muy profundo y lleno de simbolismos. A modo de ejemplo, les hago unas breves anotaciones:

1.- Jesús busca un nuevo comienzo. Jesús abandona Judea, debido a la oposición que encuentra, y regresa a Galilea, en busca de un nuevo comienzo, en una región marginada. Jesús, como nos puede suceder a nosotros, ante una dificultad seria, siente la necesidad de volver a empezar “desde cero”. Los fracasos, las decepciones, los obstáculos pueden ser grandes ocasiones de avance en nuestras vidas, si sabemos aprovechar la ocasión, para re-iniciar el camino.

2.- Jesús llega a Samaría, tierra marginada e impura. La Samaritana es una mujer-símbolo; representa a toda esta tierra, que se encontró con Jesús, desde su situación de marginación e impureza. La samaritana nos representa también a nosotros, hombres y mujeres, que arrastramos nuestra propia historia, con el orgullo de lo alcanzado, pero también con los estigmas de los errores cometidos, de las heridas sufridas, de los hábitos que nos esclavizan y que no logramos dominar. La samaritana representa también la insatisfacción del corazón humano, cuando no ha encontrado a Dios.

3.- Encuentro junto al pozo de Jacob.  Jesús y la Samaritana se encuentran junto a un pozo muy significativo, herencia del patriarca Jacob, con muchos significados:

  1. a) El agua como fuente de vida: Dice Isaías: “Sacaréis agua con júbilo de las fuentes de la salvación” (Is 12, 3). La imagen del agua, a la que acuden con tanta frecuencia los profetas, tiene probablemente mucho que ver, no sólo con la natural experiencia de todo ser humano, sino de manera muy concreta con la experiencia del pueblo en el desierto cuando, sediento y desesperado, se rebela contra Dios. Pero éste, por medio de Moisés, saca de la roca agua abundante y cristalina, agua que facilita la vida.
  2. b) El agua como símbolo de sabiduría: Del agua como fuente de vida física, los israelíes pasan pronto a hacer la experiencia de la Palabra de Dios como el “agua” que facilita la vida humana en sus dimensiones más profundas. El libro del Eclesiástico afirma que la Ley del Señor “rebosa sabiduría como el Pisón, como el Tigris en la estación de los frutos; está llena de inteligencia como el Éufrates, como el Jordán en el tiempo de la siega; va repleta de disciplina como el Nilo, como el Guijón en los días de la vendimia” (Eclo 24, 23-25).
  3. c) Jesús pide agua y ofrece el “don de Dios”. Desde la experiencia de la sed física y de la importancia del agua para la vida, Jesús invita a la samaritana a conectar con otra sed más profunda, que seguramente ella también siente, como todos nosotros; una sed de sentido, de amor definitivo, de trascendencia; una sed, que sólo puede saciarse en Dios mismo, fuente de donde brota toda vida, tal como expresan repetidamente los salmistas:

“Oh Dios, tú eres mi Dios, desde el alba te deseo;

estoy sediento de ti, por ti desfallezco,

como tierra reseca, agostada, sin agua...

Tu amor vale más que la vida” (Sal 63)

“Como jadea la cierva,

tras las corrientes de agua,

así jadea mi alma,

en pos de ti, mi Dios

Tiene mi alma sed de Dios,

Del Dios vivo”.

(sal 41)

Para encontrar a Dios es imprescindible tener sed, experimentar la insatisfacción de las aguas comunes que tomamos, de las filosofías, pensamientos, oportunidades, amores, que se nos ofrecen en la vida. A la sed profunda responde Jesús con el don de su Palabra iluminadora, que conduce hacia el conocimiento del Padre; el don de su Espíritu que purifica, alienta y fortalece; el don de una presencia que es amor perdonador, renovador, misericordioso, sin condiciones.

¿Tienes sed de sentido, de amor verdadero, de transcendencia? Dialoga desde tu corazón con Jesús y encontrarás el agua del Espíritu que satisface tu sed.

Antonio Villarino - Bogotá

 

 
 
BREVE RESEÑA DE NUESTRA PRESENCIA
EN COLOMBIA

Los Misioneros Combonianos llevamos mas de 25 años en Colombia.Incialmente llegamos a Cali (Valle) con el objetivo de promover una mayor conciencia misionera en el pueblo colombiano y presentar nuestro trabajo misionero en otras partes del mundo.
Con nuevos refuerzos de misioneros hemos iniciado luego nuestra presencia en Bogotá promoviendo además nuestra revista misionera Iglesia Sinfronteras.
Viendo la realidad dificil que vive Colombia hemos hecho presencia en Aguachica (Cesar) para acompañar a las poblaciones campesinas que vivian abandonadas del gobierno y de la misma Iglesia en una situación de pobreza y miedo ante los grupos armados que hacian presencia en la región. Años mas tarde y viendo que habia un buen clero local para llevar adelante nuestro trabajo allí, hemos entregado la misión a la diocesis local.
En 1996 iniciamos nuestra presencia en Medellín (Antioquia) con el Postulantado en el cual se empezaron a formar los primeros colombianos que se sentían llamados a ser Misioneros Combonianos.
En los últimos años hemos abierto una misón en Tumaco (Nariño) donde nos dedicamos a acompañar la población mayoritariamente afrodescendiente que vive en situaciones muy marcadas de miseria y de violencia.
 
Las Hermanas Misioneras Combonianas, también fundadas por San Daniel Comboni están presentes en Bogotá y en Buenaventura (Valle). Ellas quieren ser una gota del amor materno de Dios en una sociedad marcada por el poder y la acomulación desenfrenada. Por eso ellas, con su presencia en los barrios altos de Ciudad Bolivar al sur de Bogotá y en la periferia del puerto de Buenaventura nos ofrecen a los colombianos un testimonio de un Dios que se hace uno-con-nosotros.
 
Nuestra presencia en Colombia quiere ser un pequeño signo del Reinode Dios en la proclamación y testimonio del Evangelio con acciones de solidaridad con los grupos sociales mas desfavorecidos de Colombia, con acciones a favor de la justicia y derechos humanos, con la difusión de la conciencia misionera a traves de nuestra revista misionera, la radio y las visitas a las parroquias.
Así mismo creemos que los jóvenes de Colombia tienen mucho que ofrecer no solo a Colombia sino tambien al mundo entero donde estamos presentes. Por eso promovemos las vocaciones a la vida misionera en nuestro Instituto como Hermanos, Sacerdotes, Hermanas y Laicos.

 

 

Agenda Marzo

1 Miércoles de Ceniza

   Día contra la Discriminación

3 Día Mundial de la Naturaleza

8 Día Internacional de la Mujer

19 San José, esposo de la Virgen María

21 Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial

21 Día Internacional de los Bosques

25 Día internacional de Solidaridad con los miembros del personal detenidos o desaparecidos

 

CARTA EN OCASIÓN
DEL 150 ANIVERSARIO
DEL INSTITUTO COMBONIANO

"El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su campo. Este grano es muy pequeño, pero cuando crece es la más grande de las plantas del huerto y llega a hacerse arbusto, de modo que las aves hacen sus nidos en sus ramas."
(Mt 13,31-32)

Queridos hermanos:
¡Les saludamos con alegría y gratitud al inicio de este nuevo año!

El 1 de junio de 1867 fue fundado en Verona por Mons. Daniel Comboni el "Instituto para las misiones de la Nigrizia", transformado en Congregación religiosa el 28 de octubre de 1885 y de derecho pontificio el 7 de junio de 1895.

  1. Recordando los primeros pasos (una mirada al pasado)

Cuando leemos los orígenes de nuestro Instituto, nos cuesta imaginar en lo que se convertiría con el pasar del tiempo. El texto del Evangelio arriba citado alude a los planes de Dios, amante de la "pedagogía que viene de abajo". Un Dios que se sirve de lo que a los ojos del mundo cuenta poco, pero que ante sus ojos, se vuelve proyecto y se concretiza con la colaboración humana. Así como la semilla pequeña de la que nos habla el Evangelio, en el cual ya está contenido un grande arbusto.

En el momento de la muerte de nuestro Fundador los misioneros se contaban con los dedos de la mano. Ese pequeño grupo fue acompañado, durante los primeros años, por sacerdotes de la Compañía de Jesús quienes, después de catorce años, echaron los fundamentos de nuestro Instituto, intentando darle a la congregación una fisonomía y rostro propios. Al final del siglo XIX el Instituto contaba con 18 sacerdotes, 21 Hermanos y 21 candidatos al sacerdocio, sesenta en total.

Las llamadas de Dios

Quienes pertenecemos a la Familia comboniana sabemos que Daniel Comboni sintió la llamada de Dios cuando siendo un joven alumno del Colegio Mazza, leyó el libro sobre los Mártires de Japón y después escuchando el testimonio de Don Ángel Vinco (E 4083) quien, apenas vuelto del centro de África, sembró en el corazón de aquellos muchachos la pasión por su trabajo. Comboni, no obstante su corta edad, tomó una decisión que jamás abandonaría: dedicarse por entero a anunciar el Evangelio a los pueblos Africanos que, como intuía, tenían mucha necesidad de conocer la Buena Noticia. Así, siendo todavía mazziano, trabajó intensamente por la misión africana y vivió de forma apasionada su pertenencia a aquellos hermanos y hermanas que todavía no conocía.

Las noticias sobre lo que estaban viviendo sus compañeros de colegio en el continente africano, en vez de desanimarlo, lo empujaron a unirse al grupo de misioneros que el 10 de septiembre de 1857 partió para África, eran: Giovanni Beltrame, Francesco Oliboni, Angelo Melotto, Alessandro Dal Bosco, Isidoro Zilli y él, acompañados por las palabras de don Nicola Mazza, que se convirtieron para ellos en bendición y desafío: "Promuevan siempre y sólo la Gracia de Dios, porque todo lo demás es vanidad. Nuestra misión la ponemos bajo la protección de la Virgen Inmaculada y de San Francisco Javier, el gran apóstol de las Indias". Ese primer viaje a África, que duró apenas dos años, marcó profundamente su vida (E 465). Había dejado allá parte de su corazón y no hacía otra cosa que pensar en lo que sus ojos habían visto y en lo que había conocido por él mismo. Fue algo parecido a lo que sucede con el carácter bautismal: África se convirtió en una marca indeleble, al punto que jamás descartó la posibilidad de regresar (E 3156) y, mientras tanto, trabajó sin fatiga por el bien de la misión africana.

Como le sucedió a otros fundadores en su itinerario vocacional, también San Daniel Comboni sintió la necesidad de reforzar la llamada a trabajar entre aquellos hermanos y cumplir así la promesa que había hecho a 'Don Congo' (Don Nicola Mazza), de consagrar su existencia a la causa africana y, empujado por las circunstancias se convirtió en fundador de una familia misionera.

Esta experiencia nos recuerda la importancia de mantenernos fieles a un ideal. Así como los marineros se guiaban por las estrellas para llegar al puerto, nosotros debemos dejarnos conducir por las enseñanzas del Evangelio si queremos ser personas coherentes y felices. La vocación misionera y la pertenencia a una familia misionera son un don y no mérito nuestro. Somos misioneros porque Dios ha sido bueno y ha querido servirse de nosotros para mostrar su rostro materno a tantos hermanos y hermanas que todavía no lo conocen.

Agradezcamos a Dios por el testimonio de tantos misioneros que nos han precedido y han ofrecido su vida por la misión. Ellos son como los eslabones de una larga cadena de la cual formamos parte y que nos permite llegar hasta los orígenes, al manantial de donde hemos surgido. Pertenecemos a una familia de santos de la que nos sentimos orgullosos. Somos el fruto del amor apasionado de nuestro Fundador por la misión, herederos de una vocación que brota del corazón traspasado de Dios y nos pone en actitud 'de salida' (EG, 27) llevándonos a las periferias existenciales de la historia. Es más, algunos de nosotros han sido bendecidos con el don del martirio, expresión máxima de donación, como nos recuerda el Evangelio: No hay amor más grande que dar la vida por los amigos (Jn 15, 13).

  1. Miramos con realismo el presente: llamados a testimoniar el Reino de Dios

Después de un siglo y medio, seguimos siendo un Instituto pequeño: según las estadísticas, nunca hemos llegado a los dos mil miembros pero, esto no debe desalentarnos, más bien debe ayudarnos a ser fieles testigos de la bondad y misericordia de Dios en medio de los últimos, aquellos a quienes la sociedad ha olvidado. No obstante nuestra 'pequeñez', no podemos olvidar todo el bien que Dios ha hecho y sigue haciendo a través de nuestros misioneros. Nos lo recuerda el último Capítulo: Son muchos los misioneros combonianos identificados, generosos y dispuestos a dar la vida por Cristo y por la misión; sin hacer ruido, se gastan cada día en los diversos servicios a ellos confiados. La presencia de hermanos que son testigos del Resucitado en medio a los pobres y marginados, es una bendición que nos recuerda la razón de nuestra opción de vida. Ellos son "parábolas existenciales", puntos de referencia en las diferentes tareas que realizamos (DC 2015, n. 14).

Estamos llamados a ser testigos del Reino de Dios en cualquier lugar donde se nos envía. Para ello se requiere ser siempre fieles a la Palabra y a un programa serio de renovación constante en nuestra experiencia de discipulado.

Conversión

Sin embargo, cuando miramos atrás, reconocemos que no siempre hemos sido fieles. Muchas veces, condicionados por los desafíos o por el miedo, nos hemos echado para atrás ante la adversidad y las pruebas. A veces nos hemos alejado de la intuición primigenia y nos hemos acomodado en la seguridad de nuestras pequeñas opciones, pensando en salvar nuestra vida y no la de nuestros hermanos y hermanas más abandonados.

Hemos apenas concluido el "Jubileo de la Misericordia". Pidamos a Dios, fuente de caridad, que tenga piedad de nuestras incoherencias y de nuestros pecados, personales e institucionales, y conceda a todos el don de la conversión, condición para acoger el Reino de Dios que viene (Mc 1, 15), para acoger su Palabra y ser así personas felices por la vocación recibida (DC 2015, n. 4).

Las cruces, señales en el camino

Cuando hablamos de felicidad, no negamos que habrá nubes en el horizonte. Las dificultades, antes o después, aparecen en nuestra vida. San Daniel Comboni las llamaba 'cruces' y todos sabemos que, en la medida que avanzaba, los problemas que se le presentaban eran cada vez más grandes; pero, así como de las nubes más oscuras puede venir agua limpia, las experiencias más difíciles pueden convertirse en el crisol donde se purifican nuestros sueños y nuestros programas. Pensar en los hermanos que se encuentran en situaciones de violencia, de pobreza extrema, de persecución y peligros constantes nos hace sufrir, porque nos sentimos cercanos a ellos y nos encariñamos con las personas y con los lugares donde trabajamos, pero también creemos que todo ello es garantía de la autenticidad de nuestro servicio misionero.

A Comboni le gustaba repetir que las obras de Dios nacen y crecen a los pies de la Cruz. Es interesante redescubrir que las cruces para nuestro Padre Fundador, en vez de ser obstáculos en el camino eran señales que le indicaban la meta. Las cruces le garantizaban que estaba caminando en la dirección correcta. Pidamos a Dios para que podamos hacer nuestras las palabras de nuestra Fundador: "Yo soy feliz en la cruz que llevada por amor de Dios genera el triunfo y la vida eterna" (S 7246).

Recordemos que cuando, por falta de personal misionero, la misión africana corría el riesgo de no continuar porque el Instituto Mazza ya no podía sostenerlo, otros Institutos, gracias a Dios, se unieron al esfuerzo de Comboni. Primero los Camilos, luego las Hermanas de San José de la Aparición, algunos miembros de otros Institutos y otros laicos que creyeron en su proyecto.

El amor por la misión desborda, irriga y fecunda los corazones y las voluntades para orientarlos en la misma dirección. De ese modo la primera intuición de nuestro Fundador se vuelve una hermosa realidad y va al encuentro de muchos hermanos y hermanas que encuentra en su camino. Por ello es importantísimo también en nuestros días trabajar "en red" entender que las iniciativas, por muy bellas y necesarias, si dependen sólo de una persona, difícilmente irán adelante. Nuestro Fundador, con su testimonio, ha involucrado a muchas personas y las ha hecho partícipes de la misión superando las diferencias y pidiéndoles que permaneciesen en la misión, convencido que sólo el trabajo en comunión tiene futuro, porque se inspira en el Dios Trino que se revela como familia.

  1. Miremos el futuro con esperanza

Ánimo para el presente y sobre todo para el futuro, son las palabras pronunciadas por San Daniel Comboni antes de morir, y que conocemos por sus biógrafos.

Estamos invitados a mirar el futuro con esperanza. Vivimos momentos difíciles pero las pruebas, como hemos dichos antes, no deben desanimarnos, seguros de que el Señor nos ha acompañado, nos acompaña y seguirá haciéndolo, como nos recuerda el Evangelio: Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que les he mandado: Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el final de los tiempos (Mt 28,19-20).

El último Capítulo General nos ha invitado no sólo a convertirnos sino también a soñar en una manera nueva de entender y vivir la misión. Debemos "ser misión" anunciando la alegría del Evangelio siendo solidarios con los pueblos, haciéndonos promotores de reconciliación y de diálogo, redescubriendo la espiritualidad de las relaciones a nivel personal, institucional, social y ambiental (DC 2015, n. 20). En este 150 aniversario hagamos nuestra la invitación del Capitulo para renovar el Instituto, también a través de la profundización de la Regla de Vida según el itinerario que se nos propondrá y haciendo propios los desafíos, como son la interculturalidad, la ministerialidad, la reorganización, etc. Todo eso nos permitirá recalificar nuestra vida y el servicio que brindamos a la Iglesia, a la sociedad y a nuestro Instituto.

Vivamos este 150 aniversario como una oportunidad para ahondar y extender nuestras raíces, fortalecer nuestro tallo y continuar siendo ese árbol que da buenos frutos, frutos de justicia, paz y caridad, para contribuir al crecimiento del Reinado de Dios.

Programa a nivel de la DG para el 2017:

  • Carta del CG para lanzar el Año Jubilar del 150 aniversario de nuestro Instituto y presentación del LOGO oficial.
  • Preparación de seis subsidios bimestrales que serán publicados en Familia Comboniana para subrayar tres etapas de la historia del Instituto:
  1. una reflexión sobre nuestros orígenes;
  2. una mirada y reflexión sobre el momento presente;
  3. acogida de los nuevos paradigmas y desafíos de la misión.
  •  Celebración del Simposium en Roma (25 de mayo - 1 de junio)
  • Reunión de los Consejos Generales de la Familia Comboniana (2 de junio)
  • Celebrar de modo especial el 10 de octubre
  • Otras iniciativas
  • Clausura del Año Jubilar

Invitamos a todas las circunscripciones a organizar otras iniciativas in loco para hacer animación misionera y, sobre todo, para que este aniversario sea una ocasión de renovación del ideal misionero y del sentido de pertenencia a nuestro Instituto Comboniano.

¡Buenas fiestas y feliz Aniversario!
EL CONSEJO GENERAL
Roma, a 1 de enero de 2017

 

 

Copyright Misioneros Combonianos - Colombia 2015