COLOMBIA

P. Fufa Ensermu Wakuma

El espíritu de superación de los jóvenes

Fufa Ensermu Wakuma, un joven misionero comboniano original de Etiopía, desempeña su servicio misonero en Tumaco, Nariño, donde se dedica de un modo especial al trabajo pastoral entre los jóvenes y atiende una escuelita para niños en un barrio de la ciudad.

Por P. Francisco Carrera

 

Fufa Ensermu Wakuma llegó a Colombia a principios de 2013, poco después de ser ordenado sacerdote en su país el 3 de noviembre de 2012. Como había hecho sus estudios de Teología en Lima (Perú) de 2006 a 2011, ya dominaba el español a la perfección y conocía la cultura latinoamericana, “aunque –se apresura a reconocer- hay diferencias entre Perú y Colombia”. Estando en Lima, había incluido a Colombia entre las tres opciones que había enviado a la Dirección General del instituto para su primer destino misionero, porque le había fascinado el servicio de los Combonianos en este país.

Tumaco

Una vez en este país, el joven misionero permaneció unos pocos día en Bogotá, la capital, para arreglar todos los documentos. Inmediatamente después, se trasladó a Tumaco, una ciudad en la costa nariñense con una población compuesta mayoritariamente por afro-descendientes, done iba a desempeñar su servicio misionero. “Yo me fui para allá con mucha alegría y esperanza –recuerda el P. Fufa–. Llegué el 13 de febrero de 2013 y allí he permanecido estos tres últimos años. Al llegar a Tumaco sentí mucha alegría por poder vivir entre personas de mi color; me sentía casi como en casa, como si me encontrara en una pequeña África en medio de Colombia”.

La situación social que encontró el misionero en Tumaco no era fácil. En aquel tiempo –como desgraciadamente es el caso todavía hoy– la ciudad estaba sumergida en el conflicto y la violencia provocados por grupos armados y al margen de la ley. Con frecuencia se producían tiroteos y sus compañeros Combonianos, ya habituados, incluso bromeaban con el recién llegado comentándole que ese era su “bautismo de bala”.

En la isla de Tumaco, la comunidad comboniana atiende la parroquia de la Resurrección, que está dividida en dos sectores: el Milenio y el Pindo. Allí llevan adelante la obra de evangelización, acompañando a los habitantes de la zona en el difícil contexto social en que les ha tocado vivir. Entre otras cosas, los misioneros trabajan en la creación y seguimiento de los grupos de familias, en la formación de líderes de comunidad, en la pastoral juvenil y la infancia misionera, etc.

Pastoral juvenil

La primera actividad que la comunidad comboniana encomendó al P. Fufa fue el acompañamiento de los grupos de familias, con la consiguiente visita a los hogares, preparación de los temas para las reuniones, formación de los líderes, etc. Después de un año, también se le pidió que asumiera la responsabilidad del trabajo con los jóvenes, primero a nivel de la parroquia y luego a nivel de toda la diócesis de Tumaco, como miembro de la comisión de pastoral juvenil.

En los dos sectores de la parroquia de la Resurrección existen cuatro grupos juveniles, que se reúnen semanalmente para desarrollar temas de integración, de formación, de compromiso social y de espiritualidad con el acompañamiento directo del P. Fufa. El objetivo es que, poco a poco, los jóvenes puedan elaborar un proyecto de vida, basado en principios cristianos, a pesar de la difícil situación que los rodea.

Las dificultades que afrontan los jóvenes de Tumaco son, ante todo, la situación social de violencia, la falta de empleo y la escasez de oportunidades para una buena educación. Cuando terminan el bachillerato, son muy pocos los jóvenes que pueden continuar con los estudios superiores, debido a la falta de recursos. Estas son cosas que preocupan a la población en general y a los jóvenes en particular.

Una de las cosas que más anima y estimula al misionero es que, en medio de una realidad tan dura y difícil, los jóvenes siempre muestran alegría, no pierden la sonrisa ni la esperanza. Mantienen un espíritu de lucha, de superación y de búsqueda de salidas para conseguir un futuro mejor. Trabajan en lo que pueden, estudian, presentan solicitudes a distintas organizaciones para conseguir becas…

En julio pasado, en la parroquia de la Resurrección se celebró por primera vez “el mes juvenil”. Se hizo una salida con los grupos de jóvenes a una de las veredas de la parroquia y también se preparó una tarde de integración.

A nivel diocesano, el comité de pastoral juvenil organizó un congreso el pasado 25 de julio, en el que se trató el tema de los valores que tienen los jóvenes y las formas de canalizarlos para la transformación de la sociedad. Se hicieron diversas dramatizaciones protagonizadas por los mismos jóvenes, presentando los distintos temas.

El congreso juvenil se celebró en el coliseo de La Misional, un colegio de la ciudad, y desde allí se emprendió una marcha, con cantos, globos, etc. que recorrió la calle principal de Tumaco hasta llegar a la catedral. Se trataba de sensibilizar a la sociedad, hacer ver la presencia de los grupos juveniles y poner de manifiesto sus esfuerzos para contribuir de forma positiva a mejorar la situación que se vive en la ciudad.

El P. Fufa insiste en que los jóvenes participan muy activamente en distintas iniciativas de carácter social, como, por ejemplo, el Día del Agua, en que ayudan a concienciar a la población sobre la importancia de ese precioso elemento y sobre su conservación. También se organizan para visitar a los enfermos de sus zonas, especialmente a los jóvenes. Por ejemplo, a un joven llamado Gustavo le amputaron un pie a causa de una bala perdida que lo alcanzó y se encontraba muy deprimido. El grupo juvenil fue a verlo a su casa, hizo una reunión allí mismo y lo invitó a unirse a sus actividades.

Escuelita en el barrio de Panamá

A finales de 2013, un grupo de personas de esa zona de la parroquia de la Resurrección propuso hacer algo para que los niños se mantuvieran ocupados en su tiempo libre y no cayeran bajo la influencia de las bandas que pululan por el barrio.

El grupo, con el apoyo del P. Fufa, acondicionó un rincón de un coliseo medio abandonado para reunir a los niños y organizarles algunas actividades. El lugar no ero el más adecuado, así que buscaron algo mejor. En la zona, había una casa que la organización Global Humanitary había regalado a la junta comunal del barrio. El grupo habló con esas autoridades y les explicó el proyecto que tenían en mente para el bienestar de los niños. La junta les cedió el edificio y el Consejo Noruego, presente en Tumaco, les ayudó a repararlo y acondicionarlo.

Se inició el proyecto reuniendo un grupo pequeño de niños, que poco a poco fue creciendo, y se organizaron actividades, como manualidades y refuerzo escolar. Se reúnen dos días a la semana, miércoles y jueves, tanto por la mañana como por la tarde, porque los niños tienen turnos diferentes en la escuela. Ahora tienen más de 60 niños, algunos de ellos procedentes de otros barrios que escucharon a sus compañeros de colegio hablar de la escuelita y quieren aprovechar esa oportunidad.

La escuelita cuenta con seis señoras voluntarias que colaboran en la a tención a los niños y la organización de las actividades, y con un profesor que presta sus servicios los miércoles por la tarde. USAID y el Ministerio de la Cultura han proporcionado un televisor y una serie de videos formativos, y ahora se está introduciendo el uso de la imagen y el sonido, que tanto gustan a los niños, en las actividades lúdicas y formativas que ofrece el centro.

“Durante los tiempos difíciles de bombas y atentados, que sufrieron los habitantes de Tumaco en el pasado mes de mayo –dice el P. Fufa– los niños no dejaron de acudir a la escuelita a pesar del peligro. Durante esos días, continuamos funcionando porque los niños veían el centro como una especie de refugio donde aislarse de tanta violencia”.

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