Hno. José Manuel Salvador Duarte

Testigo de un Dios cercano y misericordioso

El Presidente de Portugal, Anibal Cavaco Silva, concedió al Hermano José Manuel Salvador Duarte, misionero comboniano portugués, la insignia de la Orden del Mérito de la República Portuguesa, con el grado de Comendador, en reconocimiento a su labor misionera a favor de los marginados en distintas partes de Colombia. El hermano recibió la distinción el 29 de octubre durante una ceremonia que tuvo lugar en la sede de la embajada de Portugal en Bogotá.  

TEXTO: P. Francisco Carrera

 

El Hno José Manuel Salvador llegó a Colombia en 1995 para completar su formación en el Centro Internacional de Hermanos, que los Misioneros Combonianos tienen en Bogotá. Se matriculó en el curso de Teología y otros cursos libres de la Universidad Javeriana. “En la Universidad -recuerda José Manuel- se vivían momentos de cambios y de más apertura; había profesores que hablaban bastante de diálogo ecuménico, de compromiso social de la Iglesia en Colombia, etc. Esos años en la Javeriana me hicieron reflexionar, me provocaron una serie de inquietudes, me abrieron un amplio horizonte de pensamiento y me ayudaron a entender a un Dios un poco diferente de lo que yo pensaba”.

En aquel tiempo, el Hermano comenzó a participar en encuentros organizados por la Conferencia Episcopal sobre temas de justicia y paz, de perdón y reconciliación, que marcaron su vida. A través de la Conferencia Episcopal, José Manuel tuvo la oportunidad de ir a hacer una experiencia pastoral en una zona muy conflictiva en Colombia llamada San José de Apartadó. Allí se creó la primera comunidad de paz del país. Era en los años 1996-1997; en aquellos momentos se estaba produciendo un movimiento de desplazamientos masivos, de asesinatos diarios, de gran violencia.

Cuando terminó sus estudios en la Universidad Javeriana, los superiores enviaron a José Manuel al ITEPAL (Instituto Teológico Pastoral para América latina) del CELAM. Allí hizo un curso sobre “Espiritualidad para tiempos nuevos”, que, según él mismo dice, respondió a muchas de sus inquietudes, como por ejemplo el tipo de Iglesia que se necesitaba en situaciones de sufrimiento como las que se vivían en muchas zonas de Colombia. El Hermano se muestra muy agradecido a la profesora Barbara Bucker, una teóloga brasileña, hermana mercedaria, autora del libro “La Iglesia desde el vientre materno”. Ese curso le ayudó a encontrar más claramente al Dios de Jesucristo, al Dios del perdón, de la misericordia, ese Dios más “materno”. Esta visión ha sido fundamental para su vida desde entonces.

En 1998, José Manuel terminó su tiempo de formación y los superiores lo destinaron a su país, Portugal, donde pasó cuatro años en tareas de formación de futuros misioneros.

Aguachica

En 2002, el Hermano volvió a Colombia para trabajar en la parroquia de María Auxiliadora de Aguachica (Departamento de Cesar). La parroquia, abierta por los Misioneros Combonianos unos años antes, se encontraba en medio de un barrio muy pobre. La mayoría de los habitantes eran desplazados de otros lugares por el conflicto armado. “Había mucha violencia –recuerda José Manuel- todos los días se cometían asesinatos… de guerrillas, de paramilitares, que controlaban la ciudad. Había mucho miedo. La gente desconfiaba de todo el mundo”.

Con los catequistas, el Hermano se lanzó a hacer un trabajo de visitas a las familias, de casa en casa: encuentros con las personas, acompañándolas en sus enfermedades, en sus dolores, en sus muertos… En esas visitas, descubrieron que en el barrio había muchos niños desnutridos. Él fue a las oficinas de las Naciones Unidas, a la UNICEF, en Bogotá con una lista de más de 200 niños para denunciar la situación y les preguntó cómo era posible que hubiera tantos niños desnutridos y muriendo de hambre sin que nadie hiciera nada.

El Hermano regresó a Aguachica y, a los tres días, llegaron personas del Bienestar Familiar para investigar la situación. Él los acompañó por el barrio para que visitaran a las familias afectadas. La lista de niños desnutridos aumentó a más de 500. Eso llevó a una movilización de las Naciones Unidas, Caritas, Cruz Roja Bienestar Familiar etc. Esas instituciones le pidieron que organizara a las mamás de la zona y ellas se comprometían a proporcionarles alimentos.

La organización Manos Unidas de España también ofreció un proyecto para mamás cabezas de hogar; en la parroquia había unas ochenta. Manos Unidas dijo al Hermano que si conseguían un terreno (de la alcaldía, la Iglesia…), ellos construirían casas para esas familias. Después de muchas gestiones, consiguieron que el municipio cediera para el proyecto unos terrenos baldíos cercanos a la parroquia. Manos Unidas comenzó una primera fase de construcción de 50 casas, muy sencillas, con materiales locales (barro, bambú…).

A los paramilitares no les gustaron las actividades que se llevaban a cabo en beneficio de las familias más necesitadas. Empezaron a decirles al Hermano y a los catequistas que tenían que limitar su trabajo a la iglesia, que no debían visitar a las familias. Cada vez que el Hermano salía de casa, un paramilitar lo acompañaba; no lo dejaban andar solo por el barrio. Al cabo de poco tiempo, mataron a dos mamás del proyecto de las casitas. Las mismas señoras fueron a decirle a José Manuel que tenía que abandonar la parroquia, porque si no lo hacía lo matarían a él y también a ellas.

Con mucho dolor, para proteger a las señoras, el Hermano se vio obligado a dejar Aguachica, tras poco más de un año, e ir a asumir un nuevo servicio misionero, esta vez en Medellín. Allí, los superiores lo destinaron a la formación de un grupo de jóvenes aspirantes a misioneros combonianos. En 2007, la casa de formación de postulantes de Medellín se trasladó a Bogotá, donde José Manuel prosiguió su actividad formativa y de compromiso social.

Durante los años que pasó en la formación, el Hermano José Manuel continuó envolviéndose en las situaciones de urgencia y sufrimiento humano que encontraba a su alrededor. Se unió a las actividades de personas que, desde una experiencia de Dios, hacían una opción radical de vida a favor de los marginados. Era una red de la que formaban parte personas vinculadas a los campos de la salud, la cultura, de la educación, del trabajo social, etc. El Hermano siempre ha estado vinculado a la Conferencia de Religiosos de Colombia, a cuyas comisiones de Justicia y Paz y de Formadores perteneció, tanto en Medellín como en Bogotá.

Iniciativas de Cambio

El Hno. José Manuel confiesa que tenía mucho miedo de envolverse en cuestiones políticas. Pero se encontró con personas muy buenas que, dentro del campo de la política, mantenían unas convicciones de fe y un compromiso social. El Hermano entendió que era necesario estar presente y acompañar a esas personas que podían influir en los procesos de cambio para mejorar la sociedad colombiana. Encontró un grupo llamado “Iniciativas de Cambio”, inspirado por Frank Buchman (1878-1961), un pastor protestante de profundas convicciones y de gran fe en Jesús, que fundó el grupo de Oxford (conocido como Grupo de Rearmamento Moral y, más tarde, como Iniciativas de Cambio) para trabajar por la paz en el mundo a través del perdón y la reconciliación. El grupo está presente actualmente en 60 países de todo el mundo, incluida Colombia. Todo su trabajo es por la paz y dedican mucho esfuerzo a formar líderes; Nelson Mandela, por ejemplo, fue formado por este grupo. Rajmohan Ghandi, un nieto de Mahatma Ghandi, es el presidente de Iniciativas de Cambio Internacional. En el grupo conviven cristianos, musulmanes, hindúes, etc. que trabajan unidos por la paz. “A mí me pareció que el grupo ofrecía una alternativa válida a la situación de Colombia, envuelta en una verdadera guerra política, religiosa, económica, etc. Mientras que en este grupo la política, la religión y la economía no cuentan como factores determinantes; lo que cuenta es el bien común de la humanidad. Eso me impactó mucho”, afirma José Manuel.

El Hermano comenzó a asistir a reuniones y talleres de formación del grupo. Algo más tarde, los miembros de Iniciativas de Cambio se reunían en la casa de los Combonianos de San Fernando (Bogotá) para sus encuentros de formación. A esos encuentros asistían personas de procedencias muy diversas: trabajadores del Gobierno, ex_paramilitares, ex_guerrilleros, víctimas de la violencia, etc. Se trataba de dialogar todos juntos para buscar soluciones al conflicto.

Otro aspecto de la vida de José Manuel en Colombia ha sido su cooperación con actividades humanitarias y sociales de la Embajada de Portugal en Colombia. El Hermano visitaba en la cárcel a presos portugueses y asistía a otros que se encontraban con problemas. Además, es uno de los socios fundadores, con una pareja de artistas (Alberto y Cristina), de la Casa de Portugal en Bogotá, punto de referencia, encuentro y ayuda para los portugueses residentes en Colombia. La embajada, por su parte, ha apoyado también algunos de los proyectos sociales lanzados por el Hermano como parte de su trabajo misionero.

Uno de esos proyectos es una escuela en los Altos de Cazucá, en la afueras de Bogotá, que se comenzó a instancias del Obispo de Soacha, quien pidió a la Conferencia de Religiosos un grupo de agentes pastorales para atender una parroquia que estaba abandonada. El Hno. José Manuel y otros dos religiosos se ofrecieron voluntarios y comenzaron a trabajar con la ayuda de algunos catequistas del lugar.

En la zona había un numeroso grupo de personas de origen afro, que no se acercaban a la iglesia. Los religiosos y los catequistas comenzaron a visitar a las familias casa por casa. En los encuentros que mantuvieron con ellos se hizo patente que el mayor deseo de la mayoría de ellos era poder terminar sus estudios, abandonados al tener que desplazarse de sus lugares de origen debido al conflicto armado. Fruto de esa necesidad nacieron las escuelas de Suba-Lisboa y Soacha-La isla.

Pastoral en las prisiones

El Hno. José Manuel volvió a Medellín en 2012 e inició una actividad pastoral en la cárcel de Bellavista. El capellán de la cárcel, P. Guillermo, pidió al Hno. José Manuel que lo ayudara con la catequesis de preparación al Bautismo, la Primera Comunión, la Confirmación, etc. de los presos. Esa institución alberga a unas 8.000 personas, en condiciones muy precarias.

Tras un año allí, el capellán de la prisión de máxima seguridad de Itagüi, P. Julián, pidió la ayuda del Hermano para atender pastoralmente a los internos de origen afro. José Manuel y el también comboniano P. Jaider Pinzón asumieron esa responsabilidad. Una vez dentro de la cárcel, además de la atención a los afro-descendientes, también ofrecen su asistencia pastoral a los ex-líderes de las guerrillas y de los grupos paramilitares que se encuentran haciendo un proceso de paz, perdón y reconciliación.

El Hermano vive esta nueva experiencia pastoral como una consecuencia de su opción de vida a favor de los marginados y de la promoción de la paz en el país que lo ha acogido.

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