MENSAJE DE NAVIDAD 2016

Mis ojos han visto
tu salvación

(Lucas 2,30)

Estimados hermanos en Cristo,
Recibid un abrazo fraterno con motivo de la celebración del misterio de la Encarnación de Nuestro Señor.

La Navidad nos ofrece un tiempo propicio para contemplar a Dios desde la fragilidad y la esperanza de que un mundo nuevo es posible. Estamos llamados a descubrir las señales de la presencia de Dios en un mundo a menudo ensombrecido por la violencia sin sentido que desgarra la humanidad y mutila el futuro. En este último año hemos seguido con preocupación la situación de la Siria y de algunos países en los que estamos presentes, en especial Sudán del Sur, la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, Etiopía, Eritrea, Mozambique, México, Colombia... La presencia de nuestros hermanos en estas situaciones es signo de que creemos que Dios está también ahí, a pesar de lo limitada que pueda ser nuestra actividad misionera. Navidad es también oportunidad para revitalizar nuestra vida fraterna, aprendiendo a mirar al otro con los ojos del Padre, caminando como familia que sabe perdonarse y aceptarse tal y como somos.

Los fenómenos migratorios han alcanzado proporciones excepcionales a causa de guerras y desigualdades económicas profundas. Millones de personas se ven forzadas a salir de la seguridad de sus hogares en busca de una vida digna. Nuestro Instituto se está comprometiendo cada vez más en esta realidad para ser signos de la presencia de Dios que recrea la vida y abre el corazón a la solidaridad en una sociedad a menudo cerrada en sí misma.

La Navidad es germen de esperanza porque Dios mismo se hace historia para transformarla y recrearla en una dirección nueva. Esto se comprende mejor desde el lado de las víctimas, los empobrecidos, los sin tierra y sin techo. Nuestro fundador hizo de su vida un proyecto de amor y causa común con los últimos; y toda su existencia fue configurada por la pasión que brota del Evangelio a través de una relación íntima con el Padre. Nuestro Instituto nace de esta experiencia fecunda de Daniel Comboni que lucha incansablemente contra la injusticia que sufren los más abandonados.

Dios se encarnó en fragilidad. También nosotros hoy, como Instituto, nos sentimos frágiles, pero es desde esa debilidad que somos más creativos y abiertos a la acción del Espíritu. Sentimos la necesidad de escuchar, acoger y asumir lo que Jesús pueda decirnos en este momento particular, que es también un tiempo de salvación. Deseamos que la celebración de la Navidad nos ayude a encarnar nuestro carisma dentro de cada una de las realidades en las que estamos presentes siendo presencia creativa y señales del Reino.

El Consejo General os desea una Navidad 2016 llena de bendiciones y un año 2017 rico en iniciativas que nos motiven a colaborar con el plan que Dios lleva adelante con nosotros.

El Consejo General

Tesfaye Tadesse Gebresilasie; P. Jeremias dos Santos Martins; P. Rogelio Bustos Juárez; P. Pietro Ciuciulla; y Hno. Alberto Lamana Cónsola.

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